El High Line: una operación urbanística de regeneración urbana con la participación ciudadana
Con la ciudad de Madrid inmersa en la elaboración de su nuevo plan estratégico y en un proceso de participación pública que está dando voz a múltiples colectivos, desde asociaciones, empresarios, arquitectos y administración pública, y con el objetivo de diseñar el futuro de la capital, desde el Ayuntamiento se lanzó Sueña Madrid.
Para una de las mesas de trabajo se invitó a Gabinete Jurídico de Urbanismo y Medio Ambiente a participar en una sesión de innovación y brainstroming de proyectos inspiradores que pudiesen ser referencia para la transformación que la ciudad de Madrid ya está viviendo y que vivirá de manera exponencial en los próximos años.
El espacio público como generador de identidad
La vida de las personas se encuentra inexorablemente unida e influenciada por el entorno en el que se desarrolla. Desde el origen de las civilizaciones los seres humanos se han agrupado para defenderse, organizarse, producir, celebrar y, en definitiva, vivir mejor. Nada tienen que ver las ciudades actuales con las antiguas, pero a pesar de ello, responden a una misma necesidad, son, en esencia, un entorno en el que poder vivir en comunidad.
Es paradójico que, en el siglo de las tecnologías, la sociedad demande cada vez más el espacio público, entornos donde poder disfrutar, conectar con la ciudad, con la naturaleza, con los demás, espacios donde poder participar de actividades culturales, deportivas, de ocio, de encuentro, incluso, espacios donde compartir el trabajo (coworking) o la vivienda (coliving). En definitiva, espacios en los que poder desarrollar el carácter social de la persona, que completan el entorno privado en el que pasamos gran parte de nuestro tiempo.
Esos espacios son por excelencia los vacíos de la ciudad: las calles, las plazas, los espacios verdes…Y, son los que fundamentalmente configuran el carácter y esencia de la ciudad.
Madrid, the place to be. Sueña Madrid
Ante el floreciente momento actual que vive Madrid, consolidada como un polo de atracción de ciudadanos del mundo, de talento, inversión y actividad económica, se hace más urgente no sólo dar respuesta a los retos y a las necesidades actuales de sus habitantes, sino que es imprescindible anticiparse y promover la ciudad futura.
Un modelo de ciudad en la que el Ayuntamiento de Madrid, con su Directora General de la Oficina del Nuevo PGOUM, Myriam Peón, a la cabeza, está trabajando y ha definido unas acertadas líneas estratégicas y de trabajo colaborativo con el sector privado y la sociedad civil para soñar ese Madrid.
Al hilo de la esta iniciativa, en la que todos estamos invitados a participar, y que parte de la pregunta de ¿cómo intervenir en la ciudad existente?, el pasado 14 de marzo en la 2ª sesión de la Mesa de Trabajo de Economía Urbana, se lanzó una mirada a casos de éxito y cómo otras grandes capitales han afrontado retos similares.
Desde Gabinete Jurídico de Urbanismo y Medio Ambiente, compartimos una intervención urbana, que aúna múltiples aspectos y que generó un gran impacto positivo en la ciudad de Nueva York, el High Line.
Una mirada al High Line de Nueva York
Es difícil pararse a imaginar cómo eran determinadas zonas de la ciudad cuando la transformación ya se ha producido, más difícil aún, cuando la transformación ha encajado como una pieza de puzzle en ellas y parece imposible que en el pasado no existiese.
Estas transformaciones funcionan como una rueda, cuando ya está en movimiento sólo adquiere más velocidad. Las mejoras urbanas mejoran la calidad de vida de los ciudadanos, atraen el talento, atraen la inversión, atraen el turismo, potencian el comercio y las actividades, y convierten un espacio degradado y olvidado en un polo de atracción y riqueza social y económica. Pero, para todo ello, es necesario que alguien inicie el movimiento, que alguien se pregunte ¿qué quiere para su ciudad? ¿cómo se la imagina? ¿cómo se podría intervenir en ella y hacerla mejor? Y, que se decida a hacerlo.
Esto fue lo que pasó en el caso High Line. Las antiguas vías de tren que conectaban el Meatpacking District con los Hudson Yards, antiguamente utilizadas para el transporte de mercancías desde las fábricas donde se empaquetaban hasta los astilleros donde se distribuían, quedaron en desuso, dejando una ruina postindustrial en la ciudad consolidada neoyorkina.
Durante los años 90 se planteó la demolición de este espacio degradado. Sin embargo, los vecinos de la zona no veían en el High Line sino una infraestructura que dotaba de identidad al barrio y un potencial espacio público de calidad en una ciudad colmatada de edificaciones.
Es así, como nació la visión del futuro High Line, una transformación urbana promovida por su comunidad y que revertiría en la misma, en la que fue clave la colaboración de la ciudadanía, las administraciones públicas y la inversión privada.
Una visión conformada por unos principios rectores que se pueden sintetizar en:
1. La REUTILIZACIÓN de lo ya existente. Las vías ferroviarias en ruina eran parte de la identidad y del carácter de los barrios por los que transcurría. Fue fundamental que la intervención supiera mantenerlas y ponerlas en valor, haciendo único este espacio.
2. La CONECTIVIDAD. Se supo ver que esta gran barrera urbana, que un día fue una importante conexión de transporte de mercancías, podía volver a ser un eje que conectase la ciudad, pero esta vez de personas. La intervención genera un nuevo eje permeable a la ciudad, a los edificios, que, al encontrarse elevada, posibilita una conexión y una movilidad alternativa a la cota 0 de la calle.
3. La SOSTENIBILIDAD o la integración del verde en el medio urbano. El High Line aporta importantes espacios verdes a la ciudad que de otra forma no tendría. Un espacio amable para el ciudadano que fomenta el esparcimiento y la biodiversidad dentro del medio urbano.
4. Y, por último, la CREATIVIDAD, el High Line no es una intervención acabada en el año 2019 (fecha de inauguración de la última de sus fases). Sino que es un espacio vivo, en transformación, en continuo crecimiento y abierto a las necesidades e iniciativas de los ciudadanos. En línea con este valor, se fomentan en él, las iniciativas culturales, el arte urbano y gran cantidad de usos temporales que se suman a los ya existentes.
En definitiva, la ciudad de Nueva York transformó un problema existente en la ciudad, en una oportunidad.
Supieron mantener la identidad del lugar sin renunciar al desarrollo económico, o fomentar el desarrollo económico sin perder la identidad del lugar. Porque el carácter propio del High Line y su transformación fue el detonante de una cascada de consecuencias positivas en la ciudad:
· Se mejoró el espacio urbano y la calidad de vida de sus ciudadanos.
· Se fortaleció la comunidad existente y se potenció su identidad.
· Se atrajo el talento y la inversión.
· Se produjo un gran desarrollo económico y la revalorización de un área degradada.
Todo ello, contribuyó a consolidar la imagen de Nueva York como la gran ciudad que es, pero recordemos que este ambicioso proyecto partió de un sueño, como los muchos sueños que están surgiendo actualmente en la ciudad de Madrid.
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